Pescar no es oficio, es cultura: la tradición lacustre purépecha en Michoacán
Por Alejandro Martínez Castañeda
Pátzcuaro, Michoacán, 26 de enero de 2026.-Michoacán es uno de los estados con mayor riqueza lacustre de México. Sus lagos —Pátzcuaro, Zirahuén, Cuitzeo y Chapala— no solo albergan especies endémicas del Eje Neovolcánico, sino también una cultura pesquera viva, profundamente arraigada en el conocimiento ancestral de los pueblos ribereños, particularmente del pueblo purépecha.
De acuerdo con el estudio “La cultura de la pesca lacustre en Michoacán” de los investigadores Arturo Argueta Villamar y Aída Castilleja González, publicado en Arqueología Mexicana (núm. 196), la pesca en Michoacán es mucho más que una actividad económica: es un sistema complejo de saberes, prácticas, normatividades y tecnologías que se expresa en la conservación del producto, su preparación como alimento, la tradición oral, así como en pirekuas y danzas que marcan el inicio y cierre de los ciclos de pesca.
Los p’urhépecha —“la gente” o p’urhé— conforman un pueblo indígena cuya lengua no guarda parentesco con otras de Mesoamérica y que habita cuatro subregiones bien definidas: lacustre, sierra, ciénega y cañada. En la región lacustre, la pesca ha sido una práctica sostenida por al menos ocho siglos, lo que la convierte en uno de los sistemas pesqueros tradicionales más antiguos y refinados del país.
El etnoarqueólogo Eduardo Williams los ha denominado “la gente del agua”, en reconocimiento a su profundo entendimiento del entorno lacustre. Este conocimiento permitió el desarrollo de una pesca históricamente multiespecífica, especialmente en el lago de Pátzcuaro, donde el aislamiento reproductivo dio origen a numerosas especies endémicas.
Según el estudio, actualmente, en este lago se registran 10 especies nativas y cinco introducidas, además de anfibios como la rana (kuanasï) y el ajolote (achójki), un reptil como la tortuga (kutu) y pequeños crustáceos como los acociles (xapitu), todos de interés pesquero. Algunas especies, como el achoque, son altamente valoradas por sus propiedades nutrimentales y medicinales.
“El diseño del instrumental pesquero purépecha es resultado de una observación detallada del comportamiento de los peces: sus hábitos diurnos y nocturnos, los cambios estacionales y los espacios destinados al desove, alimentación y refugio. Cada arte de pesca está pensado para una especie específica y es elaborado y restaurado por los propios pescadores”, destaca el texto.
Registros históricos, como los realizados por West en 1948, confirman la permanencia de muchos de estos instrumentos hasta la actualidad, aunque también evidencian el abandono de otros debido a la escasez de ciertas especies.
Más que aplicar el conocido proverbio de “enseñar a pescar”, el caso purépecha invita a replantear la enseñanza: aprender de quienes han sabido pescar durante siglos, de su tecnología, su organización y su relación respetuosa con el agua. En tiempos de crisis ambiental, la cultura pesquera lacustre de Michoacán se presenta no solo como herencia cultural, sino como una lección vigente de sustentabilidad, enfatizan los investigadores.
